Voguelandia

“Cada mañana en los días hábiles, una serie de mujeres relamidas y a prueba de arrugas, que se tratan de «querida» y «encanto» son capaces de hablar en cursiva y maldecir en francés, entran al edificio Graybar en Manhattan, ascienden al piso diecinueve y se deslizan enfrente de los escritorios de Vogue, una revista que desde tiempo atrás ha sido el símbolo supremo de la sofisticación para cualquier norteamericana que alguna vez soñara con ser ataviada por Balenciaga , calzada por Roger Vivier, peinada por Kenneth o con la libertad de poder columpiarse en el Arco del Triunfo en ropa interior y un abrigo de visón. (…) Prácticamente en cada número nos presentan diosas despampanantes que a todas luces se hacen más perfectas, más imponentes a cada vuelta de hoja. A veces la modelo salta a través de la página arropada en seda color moca, otras pilota un velero con tajamar de teca por las Antillas Menores, o se empina, con estatura Dior, frente a la torre Eiffel, entre atrevidos Renault que le pasan zumbando, posando en medio de la calle, con una pierna levantada, la boca abierta, los dientes relucientes, dos gendarmes guiñando los ojos al fondo, todo París enamorado de ella y su traje de cóctel de mousseline de soie. En otras ocasiones la modelo de Vogue viste de negro-siempre-a-la-moda en el puente Queensboro mientras un gato blanco le trepa por la espalda…”

Este es un fragmento de uno de los relatos que Gay Talese narra en su libro Retratos y encuentros. El año pasado lo leí por primera vez y desde entonces no he dejado de releerlo una y otra vez. Supongo que me gusta tanto porque me siento identificada con esas mujeres que describe el periodista. Quiero ser de esas que cada mañana se levantan, se arreglan y van a trabajar a una revista de moda para redactar editoriales, pasear entre burros de ropa, contar historias, maquetar páginas, escribir reportajes y todo lo que conlleve trabajar en una redacción.

He estado algunas semanas sin publicar nada y esto es porque todo lo que quiero escribir, lo hago en El Attelier Magazine, revista en la que soy redactora desde hace más de un año y donde hago artículos sobre moda y tendencias, estilo de vida, viajes, wishlist; un poco de todo. Por eso este blog ya no tiene sentido como lo entendía al principio, es decir, un sitio donde hablar puramente de moda y no como un ego-blog.

¿Quiero decir con esto que ahora sí va a ser un ego-blog? No, pero sí que va a estar más centrado en mí ya que es mi sitio, mi pequeño rinconcito de Internet donde plasmar mis ideas y mi opinión, enseñar mis looks, productos que me gustan… Así que a modo de hobbie, voy a continuar con el blog y seguiré haciendo algunas de las secciones que ya estaban y también he incluido alguna novedad como la sección de “Favoritos” y la de “Decoración”.

Y con esta introducción inauguro de nuevo el blog, que ya tenía ganas.

¡Un besito!

María

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