Cuando empieza septiembre II

Desde que tengo el blog, he escrito cada año un post dedicado a septiembre, así que este no iba a ser menos.

Querido septiembre,

acabo de releer las entradas de 2015 y 2014 (aquí debo hacer un GRAN inciso. Soy consciente de que esas fotos dan verguenza ajena pero te pido por favor que no me juzgues, no tenía quién me las hiciese así que me apañé como mejor pude. Ni siquiera recuerdo qué móvil tenía por aquel entonces, pero salta a la vista que no era uno con demasiados megapíxeles. Aún así, la intención es lo que cuenta y me siento orgullosa de que la falta de recursos no me parase a la hora de expresarme).

¿Por dónde iba? Ah, sí. Te iba a decir que al leer posts antiguos me he dado cuenta de que sigo pensando que eres el “enero” del año. Después de las vacaciones, tú implicas cambios, nuevas etapas… Aunque no lo creas, haces que nos replanteemos muchas cosas. ¿Estoy donde quiero estar? ¿Qué puedo mejorar? ¿Estoy haciendo todo lo posible por conseguir mi objetivo?

La crisis existencial es inevitable, sobre todo en una cabeza inquieta llena de dudas.

A veces es difícil aclarar ideas y saber lo que quieres, pero creo que siempre es bueno empezar dando un pequeño paso: cortar el pelo. Porque que no te engañen, los productos que publicitan en Instagram ayudan a hidratar, pero el pelazo que se te queda después de sanear las puntas, ¿qué?

También decidí cortarme el flequillo. Siempre he sido de flequillo, pero hacía varias temporadas que no me lo cortaba y me apetecía mucho volver a llevarlo.

A veces eso de “renovarse o morir” no se cumple. Ahora me siento más yo, así que supongo que a veces es más efectivo volver a los orígenes.

Otra de las cosas que me gusta hacer cuando llega septiembre es echar un vistazo a mi armario y quedarme con lo que realmente me siento identificada y me hace feliz llevar.

Con el paso del tiempo me he vuelto mucho más selectiva. “Compra menos, elige mejor”, me repito a mí misma. Y funciona. Sigo yendo a las tiendas por el puro placer de ver moda, inspirarme y relajar la mente, pero rara vez compro. Solo cuando estoy segura de que “necesito” esa prenda por razones bien fundadas, o cuando se trata de un fondo de armario.

Así todo queda mejor organizado y resulta más sencillo decidir qué ponerme cuando no sé qué ponerme. Espero tener la misma determinación para decidir qué hacer cuando no sé qué hacer.

Querido septiembre, creo que ya me he alargado demasiado y no te quiero aburrir. No me decepciones.

María. 

 

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